Aurelio García pregona "desde la fe" una Semana Santa donde "las tallas tocan el sentimiento de la gente"

El obispo vallisoletano puso en valor "la riqueza de las cofradías", que están empeñadas, durante todo el año, a prestar "su esfuerzo y servicio"

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Aurelio García pregona "desde la fe" una Semana Santa donde "las tallas tocan el sentimiento de la gente"
Aurelio García, durante el pregón. TRIBUNA.
Alejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
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Se escuchaban aplausos, pero parecían lágrimas. Aurelio García, pregonero de la Semana Santa de Valladolid, ha protagonizado este viernes uno de los momentos más emotivos de los últimos tiempos en la ciudad. Con una Catedral entregada y abarrotada, donde el silencio se gestaba, el obispo titular de Rotdon ha plasmado "desde la fe", sobre todo, la de los cofrades, porque para él es la que "salvará la Semana Santa", su sentimiento sobre esta celebración, repasando día a día, cofradía a cofradía y procesión a procesión todo lo que se va a vivir desde el próximo 11 de abril, Viernes de Dolores, en la capital del Pisuerga, hasta el 20 de abril, Domingo de Resurrección.

Acompañado de la "preciosa imagen" de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Aurelio García ha lanzado un aviso a navegantes: "Hay mucho trabajo oculto de cofrades que nadie ve y reconoce, pero del que disfrutamos todos". Desde esta base el obispo ha partido, aunque la misma lo haya citado a modo de conclusión. De hecho, no tardó en decirlo sin desviar la atención de su particular recorrido que, posteriormente, ha realizado. "Tendríamos que saber unir lo que es de todos con lo que es nuestro", comentaba un Aurelio que tenía como objetivo en el pregón responder "a las dos preguntas" que sobrevolaban en el ambiente: "¿Qué se celebra en la Santa Semana? y, sobre todo, ¿cómo lo celebramos en Valladolid?".

A partir de ese momento, ha desglosado la programación de la Semana Santa sin olvidarse de ningún acto, pese a empezar el repaso por el Domingo de Ramos, donde "aclaman" a Cristo, momento que ha aprovechado para hacer un llamamiento: "Os invito a participar en la jubilosa procesión, que conmemora el ingreso mesiánico de Jesús en Jerusalén, hasta la calle Platerías, frente a la renovada iglesia de la Vera Cruz, que ha sabido transformar la desgracia del hundimiento de su cúpula en solidaridad ciudadana, patentada visiblemente en la majestuosa linterna característica". Horas después, y ya al atardecer, el obispo ha recordado tanto la procesión de Jesús de Medinaceli como el traslado del Cristo de los Trabajos, que "serán iluminadas por la luna llena de primavera, el plenilunio que marca la fecha de la Pascua".

De aclamado, según Aurelio, Cristo pasó a ser "ungido", en uno de esos gestos "sorprendentes" de la Pasión, el cual ha calificado "de misericordia que vincula al Maestro y al discípulo, al Señor y al siervo". "El Lunes Santo recuerda la unción de Betania, la despedida de los amigos, la decisión de dar muerte a Jesús. Se precipitaron los acontecimientos en aquella atmósfera festiva y masificada de la Jerusalén pascual", contextualizó el pregonero que recordó sus años de seminarista cuando participaba en las procesiones nocturnas: "Me diluía entre la gente, rezando en silencio y, sobre todo, admirando la belleza de las imágenes, escoltadas por las filas de cofrades penitentes, tambores y trompetas".

Tras poner en valor la Procesión del Santo Rosario del Dolor, pasaba a detallar tanto el Martes como el Miércoles Santo, donde desveló pasar "once años" de su vida contemplando diariamente la imagen de las 'Lágrimas de san Pedro', además de "no faltar nunca" a la 'Peregrinación de la Promesa' después de observar con atención "un encuentro de miradas". "La mirada de la Madre al Hijo único condenado a muerte; la mirada del Hijo a la Madre única traspasada de dolor. Rodeados por el pueblo fiel, que escucha y contempla: escucha el famoso fervorín del predicador, y contempla las hermosas tallas ante la espléndida fachada del Colegio Mayor de Santa Cruz", añadió.

Llegaba Aurelio al Jueves Santo, que "marca el final de la Cuaresma y el inicio del sagrado Triduo pascual". Una a una, ha citado a todas las procesiones que forman parte de este día, empezando por "la procesión del Santísimo Cristo de la Luz, obra cumbre de Gregorio Fernández, para rezar el vía crucis como estación de penitencia por parte de la Hermandad Universitaria que lleva su nombre, en la Catedral". Entre tanta celebración, el obispo quiso desvelar que la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo fue "la primera" de la que fue parte "siendo seminarista" entre "las filas de los cofrades". "El sentido profundo del Jueves Santo, significado en la eucaristía, es el misterio de una entrega: Jesucristo entregado, como expresa la liturgia de este día en el momento de la consagración de las especies eucarísticas", apuntó.

Por su parte, el Viernes Santo, para Aurelio, es "un día denso" en Valladolid. Protagonizado, entre otras, por "la majestuosa Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor", el obispo aclaró que en su momento fue "criticada por todos; y hoy, valorada por todos". En ese momento, el obispo compartió su experiencia a la hora de valorar "perspectivas diferentes" en los actos. Por un lado, de hecho, están "las miradas de los que están fuera contemplando la procesión"; y, por otro, "las miradas de los que están dentro contemplando la gente que observa". "Algunos están ajenos a lo que observan; otros, se fijan en particulares de pasos o cofrades; la mayoría, en las aceras del recorrido; algunos, apoyados en sus balcones... y también mucha gente rezando, haciendo la señal de la cruz, o musitando alguna súplica y oración; nunca falta alguno arrodillado y, muchos, llorando al paso de Cristo o de la Virgen", detalló.

Del Sábado Santo y del Domingo de Resurrección, el pregonero destacó la imagen de ver "la Virgen Madre Dolorosa junto al sepulcro del Hijo, como un icono de la Iglesia, que vela junto a la tumba de Cristo, en espera de la resurrección". Es más, "la mañana de Pascua se despierta en Valladolid con sones de gozo, convocando a otro encuentro: el de María con su Hijo, el del Resucitado con su Madre". "Estamos acostumbrados en Valladolid a meditar atentamente las últimas palabras del Cristo Crucificado en la cruz; y tendríamos que aprender, también, a escuchar las primeras palabras del Cristo Resucitado en los evangelios. Servirán de luz y guía, especialmente para este momento histórico en el que peregrinamos", insistió.

LA FE COMO ÁNGEL DE LA GUARDA

El obispo utilizó la conclusión final para recordar a los fieles que "sin fe no habrá ni verdaderos cofrades ni auténtica Semana Santa", por lo que "lo único que salvará la Semana Santa vallisoletana será la fe de sus cofrades, sobre todo, ante las convulsiones políticas y sociales", donde las tallas "hablan y tocan el sentimiento de la gente". "Además de los cofrades y de las imágenes, el verdadero protagonista de estos días en Valladolid es el pueblo, el 'santo pueblo fiel de Dios', como gusta decir al Papa Francisco. Esa marea de gente que celebra el misterio central de nuestra fe, acompañando a Cristo en los últimos momentos de su vida: creyentes y no creyentes, paisanos y turistas, cofradías y autoridades, trabajadores y servicios del orden público, diáconos, presbíteros y religiosos", explica.

Al hilo del Papa Francisco, el obispo ha cerrado el pregón asegurando que celebra estas santas fiestas junto a él como "forma de manifestar" su apoyo en estos momentos tan delicados: "En Roma no hay procesiones, no hay tallas policromadas por las calles, no hay cofradías penitenciales ni hachones, no hay balcones engalanados con reposteros, ni hay pueblo que acompañe a Cristo procesionando. Es entonces cuando me invade la nostalgia y el recuerdo de la Semana Santa vivida durante tantos años en esta tierra mística y orante. Me consuela saber que la bendición que imparte el Papa dirigida a la ciudad de Roma es la bendición del padre de todos para todos; que extiende sus manos para acoger a todos, e invoca la bendición de Dios sobre todos, también para mis paisanos, mis queridos paisanos de Valladolid", concluyó.

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