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El silencio de Fischer

La crónica cultural de L.M. Ágreda de cada semana

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El silencio de Fischer
Ágreda L.M.
Ágreda L.M.
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Doblo mi ejemplar de Confesiones de un burgués de Sandor Márai con la frase que he subrayado hasta agujerear la página 318 'Conocía el mayor de los secretos: sabía estar sola' Ha llegado la hora de ir al CMMD a escuchar a la OSCyL, esta tarde la dirige su director titular, Thierry Fischer. Anton Bruckner nos espera con la su Sinfonía nº 5 en Si bemol mayor, WAB 105. Noventa minutos seguidos de música sin descanso.

Como bien escribe Daniel Barenboim en su imprescindible libro 'La música despierta el tiempo' la primera nota no es el comienzo del concierto, sino que surge del silencio que la precede.  En este sentido, la música es un reflejo de la vida, pues ambas empiezan y terminan en nada. En esto Thierry Fischer es un auténtico maestro a la hora de convocar el silencio. Esta noche hace varios intentos de empezar Introducción. Adagio-Allegro, el primer movimiento de la sinfonía de Bruckner porque la sala todavía no se ha puesto en marcha, vamos no está preparada.

El cuerpo, los brazos, las manos, la batuta, la mirada, la respiración de Thierry Fischer es la de un contrarrelojista. La forma de preparar el silencio exige crear una gran tensión, una gran autoridad porque crear un gran silencio cuesta más que crear un gran sonido. Dice Franz Kafka en una carta ?Un silencio como el que yo necesito no existe en el mundo. Uno va al Centro Cultural Miguel Delibes (CCMD) en busca de un silencio imposible.

El tempo flexible de Thierry Fischer que empuña una especie de lápiz como batuta y deja sus manos volar por el aire sonoro de la sala en movimientos alados que permiten escuchar las infinitas alternancias de la partitura. Su pose tranquilo, solo adelanta un pie cada vez que pasa la hoja de la partitura, la observación global que tiene del pentagrama, no le hace ninguna falta descender al detallismo y es capaz del análisis minucioso y brutal si es necesario para que el espectro sonoro lleve su firma.

La OSCyL mantuvo toda la tarde un nivel altísimo, inalterable durante todo el concierto, sin altibajos y con máxima concentración que requiere esta inmensa y densa sinfonía de Bruckner.  La comunión entre músicos y director permite que no haya ni una sola nota accesoria o secundaria: se escuchan todas con una nitidez que asusta y todas cumplen su vez su función y otorgan un gran sentimiento a esta Sinfonía n1 5 de Antón Bruckner.

 

 

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