La esplendorosa e histórica procesión de la Quinta Angustia en Rioseco

Cientos de personas no quisieron perderse el desfile de Gloria de los pasos de la Escalera, Sepulcro y Soledad

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La esplendorosa e histórica procesión de la Quinta Angustia en Rioseco
Los tres pasos en el acto de oración celebrado en la Plaza Mayor. DAVID CARPINTERO Y FERNANDO FRADEJAS
José Ángel Gallego Vázquez
José Ángel Gallego Vázquez
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Medina de Rioseco vivió una jornada tan histórica como esplendorosa. La ciudad de la Semana Santa celebraba el 450 aniversario de la gran archicofradía de la Quinta Angustia, una de las tres con las que contó la localidad, germen de lo que hoy es la Pasión riosecana.

La jornada, casi veraniega, sirvió para que centenares de personas abarrotaran las calles de Rioseco en espera de la procesión de Gloria que fue el acto más esperado de la efeméride. A las seis de la tarde, el arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, celebró una solemne misa pontifical en el corro de Santa María, frente a la capilla de los Pasos Grandes, único edificio en pie de la gran penitencial, y ante la presencia de los pasos de la Soledad, Sepulcro, Longinos y Escalera, herederos de la Quinta Angustia.

Pero el plato fuerte llegó con la procesión extraordinaria protagonizada por tres de los cuatro pasos que encargaron en el siglo XVII el cabildo de la penitencial de la Quinta Angustia: Descendimiento, Sepulcro y la Virgen de la Soledad, aunque esta última talla fue sustituida a principios del siglo XX por la actualidad. Los tres pasos, tras la espectacular salida de la Escalera del salón de pasos, comenzaban una procesión que tuvo como acompañamiento musical a las bandas de la Preciosísima Sangre, Clemencia y Nazareno, y la municipal de música riosecana.

Alumbrados por sus cofrades, los tres pasos llegaron a la calle Mayor, donde esperaban cientos de espectadores, muchos de ellos seguidores de otras Semanas Santas de la Comunidad y que aprovecharon la extemporaneidad de la fecha para ver un trocito de la Semana Santa de Rioseco. Entre las caras conocidas se encontraban la del presidente de la Diputación, Conrado Íscar; la delegada territorial de la Junta, Raquel Alonso, y el procurador en las Cortes, Raúl de la Hoz; además del alcalde de Rioseco, David Esteban y su corporación. Tampoco faltaron el presidente de la Junta de Semana Santa, Antonio Herrera, los mayordomos de casi todas las cofradías riosecanas y representantes de otras Semanas Santas como la de Valladolid, encabezada por el presidente Miguel Vegas.

Las tres cofradías arribaron a la Plaza Mayor, muy cerca de la iglesia de San Francisco, embrión de la Pasión de la ciudad. Allí el párroco Alberto Rodríguez Cillero protagonizó un acto de oración y encomendó a la Virgen el futuro de las cofradías. "Estamos aquí reunidos siendo el engranaje de una larga cadena que se extiende 450 años atrás. Que nuestra santísima Madre en 2024 como otrora en 1574 nos bendiga y nos cuide".

De vuelta, otra vez por la calle Mayor, los tres pasos, portados a hombros al estilo riosecano, llegaron de nuevo al corro de Santa María. El arzobispo ofició un responso por todos los cofrades fallecidos en estos 450 años de historia y se entonó la salve, antes de que los tres conjuntos volvieran a sus templos. Primero, la Escalera, con esa imponente maniobra de entrada a la capilla de los Pasos Grandes y, más tarde, Sepulcro y Soledad hasta la iglesia de Santa María. Se ponía fin así a una histórica jornada en Rioseco.

 

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